La lealtad es una fidelidad o devoción de un sujeto o ciudadano con un estado, gobernante, comunidad, persona, causa o a sí mismo. Algunos sostienen que se puede ser leal a un espectro muy amplio de cosas, mientras que otros argumentan que solo se puede ser leal a otra persona y que ello es una relación estrictamente interpersonal. Es un valor que básicamente consiste en nunca darle la espalda a determinada persona, grupo social y que están unidos por lazos de amistad o por alguna relación social, es decir, el cumplimiento de honor y gratitud.
Valor que no es fácil de encontrar. Valor sin el cual nos quedamos solos. Virtud que desarrolla nuestra consciencia. Es un compromiso a defender lo que creemos y en quien creemos. Cuando somos leales, logramos llevar la amistad y cualquier otra relación a su etapa más profunda.
Todos podemos tener un amigo superficial, o trabajar en un lugar simplemente porque nos pagan. Sin embargo la lealtad implica un compromiso que va más hondo: es el estar con un amigo en las buenas y en las malas, es el trabajar no sólo porque nos pagan, sino porque tenemos un compromiso más profundo con la empresa en dónde trabajamos, y con la sociedad misma.
Es, por supuesto, más común aquella persona que al saber que puede obtener algo de nosotros se nos acerque y cuando dejamos de serle útil nos abandona sin más. Es frecuente saber que alguien frecuenta un grupo contrario porque le da más beneficios.. Y lo que acaba ocurriendo es que nadie confía en ese tipo de personas.
La lealtad es esencial en la amistad, los conocidos se hacen amigos a través de la lealtad mutua. Es potenciada por la energía que viene hacia nuestro cuerpo al cuidar nuestras actitudes y pensamientos.
En toda relación se adquiere un deber respecto a las personas, como la confianza y el respeto. Se trata de no abandonar a los tuyos cuando las cosas se ponen feas.