Vamos a resumir. Después de casi o un mes, volvió a llamarme. Yo estaba durmiendo, atendí y era él. QUÉ? Me pasó su celular, hablamos... el se despide como se acostumbró a hacer con estas pocas veces que hablamos con un 'beso papi, te quiero mucho' y yo corto con un 'yo también, otro' creo es bastante fingido.
Me siento en la cama, miro el papel en donde escribí su número. Lo agendo: papá. Y no podía creerlo, ni puedo creerlo. No entendí, no puedo entender que tengo un papá. Tengo el número de mi papá. PAPÁ. Esa palabra casi no existía en mi vida, o no existe todavía, ni sé si va a existir... Es realmente shockeante. Era estar marcando el celular y que se me caigan las lágrimas. No de tristeza, ni mucho menos de felicidad, vaya uno a saber de qué. Porque yo no sé si quiero un papá, pero si sé que si quiero uno sé que quiero a otro, no quiero que sea él. Quiero tener a otra persona como mi papá y sé que no se puede y lo tengo que aceptar. Yo tengo totalmente en mis manos la decisión de verlo o no verlo, pero prefiero dejar las cosas en suspenso la mayor cantidad de tiempo que pueda. Tiempos de cambios, quizás.